La situación
de los campesinos pobres y de quienes dependen de ellos está inexorablemente
ligada a las reglas, políticas y prácticas comerciales.
Desde finales de los años 80, la mayoría
de los países en desarrollo se han visto obligados,
bajo las condiciones de los préstamos de las instituciones
financieras
internacionales, a abrir sus mercados a las importaciones y
concentrar sus esfuerzos
de desarrollo en productos que puedan vender en el exterior.
Pero lejos de mejorar
su posición para exportar, esta política ha inundado
de mercancías
muchos mercados internacionales, lo que ha provocado una caída
de los
precios.
Bajo los actuales acuerdos comerciales, los campesinos pobres
se enfrentan a la caída de los precios de sus cosechas, la
disminución
de la parte que reciben del precio final de los productos que venden,
la competencia de los productos de los
países ricos que inundan sus mercados a precios subsidiados,
y la falta de un acceso significativo de sus propios productos
a los mercados de esos países.
Estos problemas van a menudo unidos a unas políticas nacionales inapropiadas
y un descenso de la financiación del desarrollo rural. |